30 de enero de 1999
Me has invitado, Javier, de nuevo, a pasear entre recovecos rincones de ayer, angosturas perfumadas…
Clavellinas, geranios, gitanillas…
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Flores marchitas.
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Algo, no sé bien qué, me entretiene y diluye más allá del pensamiento; amargas imágenes difusas, versos caídos, y niebla tras la columna bajo la arcada; agrios naranjos, difuminados al humo, al fondo.
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Y lloros.
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Oigo lamentos; llantos allá los arcos; esconditejuego; hogueras y más hogueras, fuego, culpas, y verjas negras cabalgadas, allí las manos.
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Daban las ocho, quejido, después de los cuartos.
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Se relamía la torre en sus campanadas, después del villancico viejo del tuyo y mío que nos regaló un “Dime, dime, campanero… Campanas de la mezquita, torre de la catedral…” quien, más tarde, cercenó lazos.
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Se relamía la torre en sus campanadas, después del villancico viejo del tuyo y mío que nos regaló un “Dime, dime, campanero… Campanas de la mezquita, torre de la catedral…” quien, más tarde, cercenó lazos.
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Se hizo, Javier, el silencio. Cuerdas.
Se hizo, Javier, el silencio. Cuerdas.
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Allá orines rancios, prosas calladas, lobos tirando a negro, negro renegro, allí la soga rota y la grima de la rima esquiva.
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¿Recuerdas, Javier…? Respondiste que no hay silencio sin grillos, sin soniqueterueda sobre los cantos; susurros al aire sobre coches de caballo…
27 de diciembre de 2011
No hay campanero hoy, Javier, que cante y entretenga y, por no haber, ni hay torre. Y si la hubiere, escalones a la escombrera; cenizas al río...
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Que si voltean campanas, Javier, no suenan.
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Que si voltean campanas, Javier, no suenan.
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Estoy, mientras quieras; campanas de la mezquita para ti soy, al compás de la herrumbe del látigo que te lleva, desde ayer, en el canta:
"Campanas, la de la torre,
torre de la catedral...
¡Qué bien repican a gloria,
qué bien repican a paz.
La noche de nochebuena,
noche de la navidad!
¡Campanero, dime...!
¡Dime, dime, por favor,
cuál de tus doce campanas, dime,
repica mejor...!"
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Que no hay silencio sin grillos, Pepe. Que yo me bebo el canto de la catedral porque quiero que me toquen campanas de gloria como las siento cuando llegas por estas casa.
ResponderEliminarQue no hay canto sin grillos.
Dime tu, Pepe, qué quieres que yo te cante, que yo te cantaré.
Cuando canten los gallos al amanecer, despierta que alguno de ellos seré yo.
Después de leer esto, como con demasiada frecuencia, me quedo mudo, encima ese coro, por si no fuera poco con tu genio...
ResponderEliminarEn fin,
¡Felices fiestas!
Salud
Qué tristes me suenan esas campanas José Alfonso, qué tristes y solas
ResponderEliminarte dejo abrazos por malagueñas
un abrazo muy fuerte José Alfonso.
ResponderEliminarno te lo creerás pero mis ojos están llenos de lágrimas.
será que hoy no tengo un buen día.
el día de la infancia.
un beso
Feliz año nuevo José Alfonso. Besos miles.
ResponderEliminarCosa es empezar a leerte para ponerme triste acompañada de ese coro, no sé por qué me entra la melancolía contigo.
ResponderEliminarUn beso.
Enorme abrazo.
ResponderEliminarte envié un correo...
ResponderEliminar:))
Tristísimo Pepe! me llevo el corazón arrugadito....pero bello...
ResponderEliminarUn beso.
Hermoso y triste, como que las alitas se me encogieron.
ResponderEliminarTe abrazo muy fuerte.