Yo no quería.
Yo no quería (tampoco la lechuza), no quería mirar bajo las suelas, no quería, no quería calzarme las sandalias, las cuerdas aquellas. ¡No quería, mierda…!
Supe de antemano que, calzando mentiras, alchuché, gatearía muros (pobres ladrillos caídos a ras de suelo ahora), sí, (¡demonios, sí…!), supe que mordería paredes, y llamaría al búho por hacerme compañía.
[Me senté ayer, me expandí junto a la verja prohibida, caía la noche, caía, cayó el relente sobre la frente, domingo y trece, la araña teje]
Allá y acá los ojos, caburé, anguñó dibé, no me encontré. Busqué a la Debla.
Y entregué la mirada, la mía, al espacio abierto que condona el vacío, el absurdo, en la espiral del vuelo que propicia engaño y regalos huecos.
Diñonó al chumbo espino (la apariencia engaña), de la rapaz nocturna, el huevo es mío; ni debla, ni acaso el volátil “algo” que la aparenta, de ayer no quiero ecos...
Beribicha tumbardó de mi alma, que vivir quiero hasta donde sea, la bicha espera enroscada a la madera.
Yo no quería, no quería, del tronco, zuecos a su manera.
Come elefantes la hormiga, no se fatiga.

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Sonido de fondo, expresión al baile de Armando Tovar.
Imágenes procedentes de "Flamenco. El Ángel. Tradiciones de Andalucía. Chico Sánchez"




Passé por tu puerta ayer, llamé y me dijiste que no tenía permiso para entrar. Hoy estoy aquí y te agradezco que me hayas dejado leer tus variaciones para un alma atormentada.
ResponderEliminarYo aguantaré tu frente con la palma de mi mano y romperé esa angustia que con tanta furia te desborda-
Me duele a chorros tu dolor.
Este es un grito de dolor y tragedia interior con música; un “rugido” bellísimo. Me impresiona el duende que se cuela entre tus letras. Puro arte, maestro.
ResponderEliminarUn lujo, José Alfonso.
Feliz semana.
Yo... no sé si hubiera querido leer esto. Me asombra tu capacidad para ponerme triste.
ResponderEliminarUn abrazo.
No se que decir...
ResponderEliminarSalud
Hay que vivir hasta donde sea Pepe.
ResponderEliminarEspacio abierto.
Del ayer yo tampoco quiero ecos.
Besos.
Y taconeando..
Lo has dicho tú todo. Solo puedo acompañarte en este lamento en silencio y con el alma erizada como púas.
ResponderEliminarTe abrazo fuerte, muy fuerte.
Como que gemir en caló suena más quejío...
ResponderEliminary el martinete me hace llorar; a veces tú también
un abrazo grande